Ese momento inoportuno, en que el mundo se detiene.
¿Quién diría que semejante inercia pudiera ser vencida por un acto tan efímero?
Corriendo y esquivando, hasta que lo inocuo avasalla el entramado entre la realidad y el mundo.
Y ahí, te encontrás. Preso y a merced de esa magia que encanta.
Y ahi estás, te dejás llevar, no entendés qué pasa, pero es tan cómodo, tan placentero...
¿Quién diría que la esclavitud sería tan llevadera?
La voluntad se apaga, la luz se acuesta a un costado y el cuerpo se vuelve aire, el aire viento, el viento paz y la paz vuelve a ser luz que en este circulo vicioso realimenta indefinidamente el universo al que dio vida.
Tres segundo son una vida , y una vida no alcanza para degustar esta ansiedad, que dista de alterar la psiquis , la apaga para incendiar la intuición, para llevar a tu ego al más infito punto, lejos.
Solo podes darte cuenta de lo pequeño que sos ante lo magnánimo de la circunstancia.
Sonreís.
Me mirás.
Se apaga el mundo.
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