miércoles, 25 de abril de 2018

La suerte

La buenaventura no esta en mis condiciones
y aunque a veces todo me sale bien,
nunca logro encontrar al cien por cien
sin desdicha mis queridas pretensiones.


En un golpe del destino de la suerte
me fijo en sus ojos cristalinos
buscandole un escape a este destino,
ni me acerco, ni me alejo de la muerte.


En el día de las santas alegrías
culminando ya la tarde improvisaba,
un consuelo a mi sexo desgastado,
y una falsa sonrisa fabricaba.

Pero siempre me gana el optimismo,
a pesar de lo pesado del pasado,
porque las veces que logro ser yo mismo
mato y muero en mi ley de desquiciado.

Como remate a mi trajín de mala muerte
hoy contando me encuentro sin penumbras
que en las historias de mi vida, la suerte
de vez en tanto con su mirada me alumbra.

Ayer en un ataque, de esos letales,
ya maltrecho, triste y pensativo,
quise colocar un punto de esos finales,
y ella, sonriendo, escribió dos puntos suspensivos.

sábado, 7 de abril de 2018

Dos eternidades.

Y, realmente, contarte sería inventar esa historia.
Esa historia en la que nunca soy el héroe. Siempre pierdo.
Esa, que de vez en cuando, me dejás ganar por lástima.
Y me destroza el alma pensarte desnuda cerca mío.
Hasta que cuando te vas tardo dos eternidades en acostumbrarme al vacío.
Y cómo, decime vos, se despoja uno a conciencia,
de su sonrisa diaria, de su guarnición de sueños.
¿Cómo hago para desconvenverme de quererte?

Ah si, ya sé.
Basta solo con que despierte.

lunes, 2 de abril de 2018

Breve descripción I

Te despertás un día y te sentís así.
La mitad más tenebrosa de los miedos gigantes ya no existe,
pero ante la ausencia aparecen monstruos nuevos.

Sonreís, la espada esta desafilada y su punta chueca.
Te pesa el brazo de la última pelea,
y después de tantas resacas, la ubicación del escudo pertenece a ese limbo nebuloso que nadie puede interpretar.

Y es que estar enamorado es como pelear sabiendo que vas a perder,
porque a esta altura ninguno de ustedes va a querer convencerme de que es un acto de ganadores.
¿No es cierto?

Lo inconcluso del soliloquio es, como siempre,
nuestro amigo el tiempo, el encuentro,
donde ambas almas estan en el momento adecuado,
y por sobre todas las cosas, con la misma luz.

Por eso podemos comparar enamorarse con elegir un libro de la biblioteca,
sabrás a las pocas páginas si es tu momento de leerlo,
o si debes renunciar a él hasta nuevo aviso,
o hasta nueva vida.