Te despertás un día y te sentís así.
La mitad más tenebrosa de los miedos gigantes ya no existe,
pero ante la ausencia aparecen monstruos nuevos.
Sonreís, la espada esta desafilada y su punta chueca.
Te pesa el brazo de la última pelea,
y después de tantas resacas, la ubicación del escudo pertenece a ese limbo nebuloso que nadie puede interpretar.
Y es que estar enamorado es como pelear sabiendo que vas a perder,
porque a esta altura ninguno de ustedes va a querer convencerme de que es un acto de ganadores.
¿No es cierto?
Lo inconcluso del soliloquio es, como siempre,
nuestro amigo el tiempo, el encuentro,
donde ambas almas estan en el momento adecuado,
y por sobre todas las cosas, con la misma luz.
Por eso podemos comparar enamorarse con elegir un libro de la biblioteca,
sabrás a las pocas páginas si es tu momento de leerlo,
o si debes renunciar a él hasta nuevo aviso,
o hasta nueva vida.
Te quiero idiota
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