lunes, 19 de marzo de 2018

El Odio

Todos los espejos rotos fueron alguna vez un reflejo negado.
Todas las palabras de odio iniciaron siendo tristes pensamientos.
Ningún abandonado animalejo pensó alguna vez en ser solo el despojo de un sueño.

Pero así comienza todo.
La tristeza trae al miedo, quien invita a su vez a la furia.
La furia embriaga al odio,
y a éste último le encanta lastimar.
Solo con un trago embiste contra todo lo que se interpone en su paso.
Porque el odio es fuego, es sangre.
Porque el odio es hoy, y no tiene ayer, y por supuesto jamás de los jamases pensará en mañana.
El odio es adictivo, porque siempre te da la razón.

A él no le interesa ninguno de sus muertos,
ni los espejos rotos,
ni las lágrimas o sangre derramada,
disfruta de ser cáncer, de romper,
de relamerse ante la destrucción de todo,
hasta que el todo se convierte en nada.

Y la nada es el mejor de los odios.
Porque cuando sos nada no comprendés,
y no hay nada mas gustoso que odiar lo que no entendés.

Y así el vómito de ácido se hace más placentero.

Porque el odio es cáncer, y disfruta de la muerte.

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