Y, realmente, contarte sería inventar esa historia.
Esa historia en la que nunca soy el héroe. Siempre pierdo.
Esa, que de vez en cuando, me dejás ganar por lástima.
Y me destroza el alma pensarte desnuda cerca mío.
Hasta que cuando te vas tardo dos eternidades en acostumbrarme al vacío.
Y cómo, decime vos, se despoja uno a conciencia,
de su sonrisa diaria, de su guarnición de sueños.
¿Cómo hago para desconvenverme de quererte?
Ah si, ya sé.
Basta solo con que despierte.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario