A escupir la sangre de los sueños que alimentan los soñadores desquisiados.
Porque en este mundo de penumbras, de plástico quemado, de aire viciado en pudredumbre.
Lo único que queda es acostumbrarse, asimilar lo inútil, lo oscuro, lo que ellos en su desconocimiento llaman normal.
Ya no importa quemarse en pasiones, lo importante es adorar la luz falsa de todo lo que todos adoran.
Aunque nadie sepa quienes son todos.
Aunque todos esten mal.
Aunque a vos te duela y te quemen las venas.
O pertenecés a lo que quieren todos,
o te sumís al mandato de un nadie.
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