Caminan erguidos los engendros,
lejos de achicarse o encorvarse,
se hacen altos para demostrarle al mundo que la cabeza busca
siempre el sol
y los pies están siempre en el piso.
Caminan henchidos los engendros,
agrandándose para llegar en puntitas a tomar el último
fruto,
el que esta allá arriba, el más rico,
y regalártelo.
Caminan sin prisa los engendros,
ignorando a Cronos y su amenaza,
recordándote que el presente es tu regalo
y que la magia es hoy.
Caminan, no se frenan los engendros,
te mueven, te dan energía,
te miran y sonríen invitándote a caminar con ellos
porque el movimiento es vida sostienen.
Caminan, sin miedo, los engendros,
entre sombras y vidrios rotos,
porque son livianos y llenos de luz,
contagian esperanza.
Caminan, en fin, los engendros,
mezcla de luces y energía, sabores y delicias,
te hacen acordar que la vida es una y vale la pena,
que el verdadero poder esta en ser, y no imitar.
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