Siento el pecho hecho un nudo y me cuesta respirar,
uno tras otro desfilan todos los errores que cometí en mi
vida,
frases desafortunadas, juicios errados, retos de cuando era
niño,
todo se aglomera formando una sola pasta,
las ganas de llorar están ahí amenazando pero no se dignan a
presentarse,
les gusta hacerse desear.
Cada pensamiento empuja al anterior,
tus culpas están, sean o no verdades, están,
se trepan por tu espalda y se sientan en tu nuca,
creo que quieren contrarrestar el peso del pecho,
pero solo lo empeoran.
En ese momento aparecen tus ganas de desaparecer del mundo,
no importa cómo, tenés que desaparecer, sos una carga
para tus amigos, para tu familia, para vos,
sos un fracaso, sos la suma de todos tus errores que distan
de ser pocos,
el pecho empeora, la nuca empieza a pinchar, sigue costando
respirar.
El deseo de desaparecer se hace apremiante,
tu existencia es una espina en el mundo,
tenés que desaparecer.
Y un error empuja a otro y a otro y a otro, y tenés que
desaparecer,
tenés que borrarte del mundo, tenés que morir,
es tan lindo el mundo sin vos, es tan preciso, sin errores,
todos están bien y vos mal,
¿Cómo no lo viste?¿Como no viste lo que pesás en los demás?
Tenés que desaparecer , todo pesa, se hace oscuro,
la nuca, el pecho, la boca seca,
tenés que desaparecer ¿No entendés?
Las ganas de gritar están pero la voz no,
las ganas de desaparecer están pero el coraje para hacerlo
no,
y ahí como quien no quiere las cosas aparecen las primeras
lágrimas,
que se convierten en diez, en cien, en mil,
y los nudos se destraban, y los pesos se hacen livianos,
y vos ya no tenés que desaparecer, no es tu obligación, no
es una necesidad,
aunque sabés que esto se repite cada tanto, en esos
instantes malditos que se hacen eternos,
en un nuevo ataque de ansiedad.
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