Toda mi vida la sentí como una película, o como un libro de literatura inglesa, donde sin importar la oscuridad del mundo todo tendería a mejorar.
Y me dí cuenta de todo lo que esas historias no enseñan.
Lo que no muestran esas tramas son los destrozos que dejan los conflictos clave, cuando uno se desarma.
No muestran cuando alguien espera que el otro lo salude y no fluye siquiera un "Hola".
No enseñan la tristeza que conlleva comprender que tu vida no va a ser la misma, aunque así lo quieras.
No te muestra que pasa con ese que quedó plantado en el altar porque ella amaba a otro y se lo dijo en el día más especial de su vida.
Y entendí que por eso existen películas sobre esas cosas, las buenas cosas, porque cada día escasean más; y a muchos nos tocó ser ese personaje, el que no le importa al público, porque somos eso, personajes secundarios, y merecemos vivir en el limbo, no ser felices para siempre.
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