Quemate.
Consumite
hasta las cenizas.
Destrozate.
Partite
en mil piezas,
y que cada una se vuelva a partir en mil más.
Cantá.
Gritá.
Corré.
Bailá.
Amá.
Sin
miedo.
Apuntale
a la pared con la cabeza y agarrá envión.
Dátela
de lleno.
Porque
en una de esas, y solo quizás en una de esas,
después
de probar,
después
de chocar,
después de llorar,
después de putear,
lo que
se destroce no sea tu cabeza,
sino tu
realidad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario