A veces
desearía haber deseado menos.
A veces
me complacería poder complacerme .
A veces
me conformaría con solo estar conforme.
Me encantaría
permanecer encantado por más de un instante.
Me motivaría
encontrar más que un puñados de motivos para seguir.
Pero ese
es el propósito de la reexistencia.
Morir todos
los días,
día a
día,
consumirse
hasta las cenizas de lo que eramos ayer,
reinventarse
desde cero,
suicidarse
cada medianoche,
y
volver a nacer con la primera luz del alba,
renovados,
furiosos, pasionales, deseosos
sin
encontrar el limite,
sin
admirar donde estamos , ni lo que hemos conseguido,
donde
cada logro solo se torna un nuevo punto de partida,
donde
si el cansancio y la frustración nos ataron,
anclándonos
en lo hondo,
justo
ahí, en ese lugar,
el
incendio de nuestra alma lo convierte en ese nuevo amanecer.
A veces
desearía poder desear menos,
pero al
renacer, uno no se queda en el piso agazapado y arrastrándose,
uno no
elige solo existir,
decide,
muy a pesar de todo,
REEXISTIR.
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